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Maribel de Romero: Silencio por favor



En una conocida anécdota, el compositor John Cage cuenta que se introdujo en una cámara anecoica con la esperanza de escuchar el silencio absoluto. Llevaba poco rato encerrado cuando escuchó dos sonidos, uno agudo y otro grave. El ingeniero encargado de la cámara le explicó que el agudo era el ruido de su sistema nervioso y el grave, el de su sangre circulando. «En realidad», concluyó Cage, «por mucho que intentemos hacer un silencio absoluto, no podemos».

Es cierto, aunque no podemos hacer un silencio absoluto, si debemos intentar estar en silencio, claro si queremos que nuestro cerebro se regenere. Más allá de que el ruido incida en nuestro estado emocional, la ciencia también ha comprobado que afecta negativamente  el cerebro. Según un estudio llevado a cabo en Alemania por el  Research Center for Regenerative Therapies Dresden, hay procesos cerebrales que solo se pueden llevar a cabo en silencio.

Siempre se pensó que las neuronas eran incapaces de regenerarse, la neurogenésis ha comprobado que se trata de un error. Y aunque aun no tienen muy claro qué es exactamente lo que origina la regeneración neuronal y cerebral cuentan con   valiosos hallazgos al respecto, y una de las causas es el silencio.

Los investigadores alemanes hicieron en principio un experimento con un grupo de ratones. El estudio consistía en dejarlos en completo silencio durante dos horas al día. Al mismo tiempo se haría una observación de sus cerebros para ver si esto originaba algún cambio. El resultado fue contundente. Tras un tiempo de estar sometidos a esta rutina, pudo observarse que en todos los ratones estudiados se había producido un crecimiento del número de células dentro del hipocampo. Esta es la región del cerebro que regula las emociones, la memoria y el aprendizaje.

Los expertos también constataron que las nuevas células nerviosas se integraban progresivamente en el sistema nervioso central y que luego se especializaban en diferentes funciones. En conclusión, el silencio había producido un cambio muy positivo en el cerebro de los animales.

El silencio no solamente nos vuelve más inteligentes, creativos, perspicaces. El silencio también tiene buenos efectos sobre los estados de angustia. Los seres humanos somos muy sensibles al ruido. Tanto, que muchas veces despertamos sobresaltados por algún sonido que de hecho durante la noche se agudiza el ruido. Otro estudio que se realizó en la Universidad de Cornell encontró que las personas que viven cerca de los aeropuertos mantienen una presión arterial más alta y altos índices de cortisol, la hormona del estrés.

En conclusión sabemos entonces que ocurre con lo contrario, el silencio. Y esto lo comprobó un estudio de la Universidad de Pavia, en el que se evidenció que tan solo dos minutos de silencio son más enriquecedores que escuchar música relajante. De hecho, se afirmó que la presión sanguínea disminuía y que las personas lograban sentirse más atentas y relajadas después de este pequeño baño de silencio.

Como su puede ver, el silencio produce extraordinarios beneficios tanto intelectuales como emocionales. Se podría decir que estar en silencio, por lo menos durante pequeños espacios de tiempo al día, favorece nuestra salud cerebral. Y por ende logramos de esta manera mejorar nuestro estado emocional, salud y calidad de vida.


Maribel de Romero: Silencio por favor Revisado por Redacción La Lupa on octubre 21, 2017 Calificacion 5

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