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Dos cultores ocultos


Solo reconocemos a nuestros valores cuando los publicitan o nos los venden a través de los medios de comunicación, “te reconozco por que te vi por la televisión”, “te escuché por la radio o estaba tu foto en el periódico”. Lamentablemente los medios de Caracas son los que tienen más alcance a nivel nacional. Por ellos, ciertos grupos caraqueños tienen más facilidad de llegar al público venezolano; que otros de igual valor que viven en la provincia. Como nos dicen los centralistas. Ahora bien, qué hay de aquellos que parecen unas hormiguitas trabajando y no los conocen. Lo hacen porque les gusta o tal vez por un compromiso con la generación venidera o con su conciencia. Pero igual forman parte del patrimonio cultural del país. Por eso el título de mi artículo. Hablar de estos dos personajes es reconocer y avalar la historia de vida de estos grandes soñadores, que siguen la senda o el camino de la lucha incansable, en cuanto al trabajo cultural se refiere. Comenzaremos por SAN ROMAN. No el cabo San Román del estado Falcón, él es algo más que eso, es un amigo fundador del mercado campesino de la urbanización La Mora, entregado a su trabajo cotidiano de los discos de videos y otras actividades referente al arte. Es desde allí que Alnardo o San Román, quien cariñosamente es llamado así por su cuevita musical. Donde desarrolla con los músicos que lo visitan constantemente conversaciones de todo tipo, sobre todo con las que tiene que ver con nuestra música folklórica; y con la bien llamada salsa latina, término nacido en nuestro país. Él siempre ha colaborado con los grupos de proyección tradicional para las grabaciones de sus discos, aportando todo tipo de ideas y conocimiento. Este músico percusionista, que más de una vez nos acompañó en pequeñas reuniones, interpretando con su tambor y bongó su destreza donde mostraba buenas improvisaciones, igual lo demostró con el ahora llamado grupo musical W y sus Amigos, con el VERA, VENERI, PUEBLO Y FOLKLORES entre otros. Es con estos grupos que en las navidades se aprovechaba a las amistades musicales para iniciar los cantos de aguinaldos y parrandas para llevarlo a los nacimientos de las localidades cercanas de La Victoria y El Consejo. Hoy en día con su edad todavía nos entrega y aporta su granito de arena para el desarrollo de nuestro trabajo cultural. Seríamos demasiados egoístas para no reconocer a San Román quien con su sonrisa carismática, humilde, sencilla y pueblerina continúa, trabajando, colaborando, aportando y por qué no, apostando por una Venezuela mejor como siempre lo expresa él, con su típica características. ALCADIO QUILIMACO el más querido de Zuata cuantas serenatas, anécdotas y cuentos salen de los labios de un hombre que llegó a este otrora caserío, apenas cuando era un niño en los años cuarenta, siendo unos de los primeros pobladores de la región. Un libro abierto de experiencia, sabiduría padre de varios hijos cultivadores agrarios de una parcela, donde cosecha todo tipo de hortalizas para el sostén de su familia. Personaje que siempre tiene tiempo para los amigos que lo visitan; multiplicándose para sus amistades del lugar y los de afuera. Siempre hay una conversa agradable la cual va acompañada de una vivencia, de un acontecimiento personal, donde los que escuchan se quedan en total silencio como escuchando los consejos de un padre. Hay alguien que, él nunca abandona es su popular requinto un instrumento más pequeño que una guitarra. Lo utiliza mucho para acompañar boleros de Los Panchos, Julio Jaramillo, hasta mexicanas, pero es un enamorado de la música venezolana, cantador de aguinaldos nombrando siempre a los intocables grupos de cantadores de la parranda central, todos de Zuata. Casi siempre asisten músicos a su casa, donde él no se hace esperar con su pequeña guitarra para comenzar las búsquedas de las notas inquietas como quién busca la mirada de una mujer esquiva. Muchas veces estos encuentros terminan en serenatas, cantadas a las ventanas de la casa de alguna doncella. Comenta Alcadio que: Zuata y Pedregal marido y mujer tuvieron sus hijos y sus nombres van a conocer. Los primeros de ellos fueron La Ceiba y San José y la Punta del Monte, después vinieron los otros barrios que son los hijos de Zuata y Pedregal así nació Zuata Wilfredo. También lo dijo cantadito, ese es Alcadio al mejor estilo de Arcadio Buendía. Como el Macondo de Cien Años de Soledad del popular Gabo.
Dos cultores ocultos Revisado por La Lupa Tv on diciembre 07, 2017 Calificacion 5

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